sábado, 1 de agosto de 2015

ST

Hace unas dos semanas sentía una extraña sensación ahí dentro. Algo muy poco usual, no sabía cómo se originó ni menos qué nombre darle, fuera que no me agrada darle nombre a las cosas o “patologizar”. No sé tampoco cómo me vi tocando el tema con la señorita, pero me dio que pensar. Dos días después me enfrasqué trabajando, y eureka! La respuesta era obvia, no tuve que darle muchas vueltas al asunto. Me gusta el ocio, desde enano lo se, creo que es una parte importante en las personas y además que se debe cultivar como uno estime pertinente, pero como tengo una pésima noción del tiempo, generalmente se me van las horas en una improductividad generalizada, lo cual me ha llevado en este tiempo que menciono a una procastinación también generalizada, lo que de una u otra forma afecta al todo, al yo, al super yo, al ello, a mi “rutina” y a toda esa basura. Lo que me incomodaba no era más que la perdida de tiempo y su directa consecuencia. La estancia en la cintura del reloj en vertical casi me pasa la cuenta en “muy poco tiempo”.

Todavía me cuesta volver a tomarle el ritmo al quehacer.


Hoy estuve viendo arriendo de departamentos en Santiago, hay unos bastante asequibles. Quizás sea bueno obligarme a abandonar el nido cuando me estabilice. Aunque quizás la búsqueda de esa estabilización no llegue nunca si no abandono.

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