Estoy en un evento tipo matrimonio en algún corredor muy blanco muy similar al de la capilla que está al costado de la Basílica de la Natividad en Belén o a la de la residencia de los Salesianos de Conce. Tengo mi cámara en las manos porque al parecer debo fotografiar el evento, sin embargo sólo llevo la tarjeta de 2Gb, la de siempre.
- Oh no! que indecencia, tengo que ir a comprar una de más capacidad.
Y claro, no puedo tomar las fotos en RAW usando una tarjeta tan fiel como ésta pero tan piñufla, donde con suerte alcanzarán 50 fotos... CON SUERTE. Salgo casi corriendo y al frente, hay algo así como un almacén en una calle muy parecida a donde compraba las anilinas en Santiago. Compro una tarjeta y ya dentro de nuevo del corredor me doy cuenta que es de unas 32 Gb. Uff que alivio.
- Oh no! que indecencia, tengo que ir a comprar una de más capacidad.
Y claro, no puedo tomar las fotos en RAW usando una tarjeta tan fiel como ésta pero tan piñufla, donde con suerte alcanzarán 50 fotos... CON SUERTE. Salgo casi corriendo y al frente, hay algo así como un almacén en una calle muy parecida a donde compraba las anilinas en Santiago. Compro una tarjeta y ya dentro de nuevo del corredor me doy cuenta que es de unas 32 Gb. Uff que alivio.
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