lunes, 3 de agosto de 2015

Tarjeta

Estoy en un evento tipo matrimonio en algún corredor muy blanco muy similar al de la capilla que está al costado de la Basílica de la Natividad en Belén o a la de la residencia de los Salesianos de Conce. Tengo mi cámara en las manos porque al parecer debo fotografiar el evento, sin embargo sólo llevo la tarjeta de 2Gb, la de siempre.

- Oh no! que indecencia, tengo que ir a comprar una de más capacidad.

Y claro, no puedo tomar las fotos en RAW usando una tarjeta tan fiel como ésta pero tan piñufla, donde con suerte alcanzarán 50 fotos... CON SUERTE. Salgo casi corriendo y al frente, hay algo así como un almacén en una calle muy parecida a donde compraba las anilinas en Santiago. Compro una tarjeta y ya dentro de nuevo del corredor me doy cuenta que es de unas 32 Gb. Uff que alivio.

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