miércoles, 25 de enero de 2017

uno en dos

25.01.2017

Iba a su casa y llegaba al frente de su puerta. Tenía dos cerraduras, una de cada lado. No se me hizo difícil meter las ganzúas y entrar. Fui directo a la cocina a donde había que llegar en “ele” y me quedé ahí esperando. Al rato llegó, y colgando las llaves al tiempo que también colgaba su abrigo dándome la espalda, se quedó quieta un momento, como si entendiera que yo estaba ahí. Se sentó en el sillón y ahí pude aparecer. Estando a su frente bajé de cuclillas y le tomé las manos.

Cruzamos las miradas un par de segundos y nos abrazamos. En el acto rompió en un llanto enternecedor hasta el alma.

- Ya vine, ya estoy aquí contigo.

Desperté y maldije “puta la wea” y aprovechando que todavía no despertaba al 100 me induje el sueño para poder continuar.

Se paró y apareció la señorita zapatera.

- tiene que decirte algo, pero le cuesta.
- me va a romper el corazón?
- no.

Su expresión estaba iluminada, optimista de la información que tenía.


Sonó el despertador.

jueves, 19 de enero de 2017

ensayo

19.01.2017


Iba a ensayo con la banda número 1. Me doy cuenta que iba llegando a la sala de ensayo de la banda número 2, un día sábado, cuando habíamos programado el ensayo para el domingo.

miércoles, 11 de enero de 2017

Monasterio

15.12.2016

Había un sacerdote y un niño. Se celebraba una festividad en el pueblo en estaban medioevo. Al parecer este sacerdote se iba del lugar, y este niño le tendría preparada una sorpresa en el antiguo monasterio, ahora abandonado. De un modo u otro el niño se escabulle dentro del edificio para recorrerlo, que resultaba no estar en ruinas ni maltrecho por dentro. Sus recintos estaban muy bien cuidados y no había muestra de polvo ni escombros, es más todo parecía en orden. En el primer piso había un salón barroco muy pintoso, con un piso de mármol y detalles en color negro y verde. Las ventanas estaban tapiadas. En el perímetro del segundo piso corría un pasillo interior y por una de las salas el niño pudo asomarse para llamar al sacerdote con una seña. Sólo él pudo verlo en medio de la multitud que había fuera. Al parecer estaba preparando una pieza musical para su despedida.
De pronto, el niño siente una extraña incomodidad, y cuando llega el sacerdote, éste le dice que debe irse, que el lugar ya no es seguro.

– Pero te tenía preparado algo.
– Vamos, debes irte, yo voy tras tuyo.

Entraron en una sala e intentaron abrir una de las ventanas que estaba clausurada. La tapa resultaba ser uno de los juegos de la feria de atracciones.

Ahora el niño soy yo.

Intentamos abrir la tapa con nuestras manos, y del otro lado está la persona que controla el juego. Su mirada era como venida del infierno.

– Ustedes no deben pasar, está prohibido.

El sacerdote me ayuda haciendo más fuerza con su cuerpo, mal que mal es un adulto y yo un pequeño niño. Del otro lado veo una niña de mi edad vestida con unos trapos, muy linda. Es ella. Se da cuenta que soy yo quien está detrás del juego-tapa y comienza a correr hacia donde estoy, gritándome:

– ¡Búscame en el futuro! ¡Búscame en el futuro!


Hago lo imposible por salir a su encuentro pero mucha gente ayuda a cerrar la tapa, y no se oye nada más desde el exterior.