15.12.2016
Había un sacerdote y un niño. Se celebraba una festividad en
el pueblo en estaban medioevo. Al parecer este sacerdote se iba del lugar, y
este niño le tendría preparada una sorpresa en el antiguo monasterio, ahora
abandonado. De un modo u otro el niño se escabulle dentro del edificio para
recorrerlo, que resultaba no estar en ruinas ni maltrecho por dentro. Sus
recintos estaban muy bien cuidados y no había muestra de polvo ni escombros, es
más todo parecía en orden. En el primer piso había un salón barroco muy
pintoso, con un piso de mármol y detalles en color negro y verde. Las ventanas
estaban tapiadas. En el perímetro del segundo piso corría un pasillo interior y
por una de las salas el niño pudo asomarse para llamar al sacerdote con una
seña. Sólo él pudo verlo en medio de la multitud que había fuera. Al parecer
estaba preparando una pieza musical para su despedida.
De pronto, el niño siente una extraña incomodidad, y cuando
llega el sacerdote, éste le dice que debe irse, que el lugar ya no es seguro.
– Pero te tenía preparado algo.
– Vamos, debes irte, yo voy tras tuyo.
Entraron en una sala e intentaron abrir una de las ventanas
que estaba clausurada. La tapa resultaba ser uno de los juegos de la feria de
atracciones.
Ahora el niño soy yo.
Intentamos abrir la tapa con nuestras manos, y del otro lado
está la persona que controla el juego. Su mirada era como venida del infierno.
– Ustedes no deben pasar, está prohibido.
El sacerdote me ayuda haciendo más fuerza con su cuerpo, mal
que mal es un adulto y yo un pequeño niño. Del otro lado veo una niña de mi
edad vestida con unos trapos, muy linda. Es ella. Se da cuenta que soy yo quien
está detrás del juego-tapa y comienza a correr hacia donde estoy, gritándome:
– ¡Búscame en el futuro! ¡Búscame en el futuro!
Hago lo imposible por salir a su encuentro pero mucha gente
ayuda a cerrar la tapa, y no se oye nada más desde el exterior.
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