miércoles, 25 de enero de 2017

uno en dos

25.01.2017

Iba a su casa y llegaba al frente de su puerta. Tenía dos cerraduras, una de cada lado. No se me hizo difícil meter las ganzúas y entrar. Fui directo a la cocina a donde había que llegar en “ele” y me quedé ahí esperando. Al rato llegó, y colgando las llaves al tiempo que también colgaba su abrigo dándome la espalda, se quedó quieta un momento, como si entendiera que yo estaba ahí. Se sentó en el sillón y ahí pude aparecer. Estando a su frente bajé de cuclillas y le tomé las manos.

Cruzamos las miradas un par de segundos y nos abrazamos. En el acto rompió en un llanto enternecedor hasta el alma.

- Ya vine, ya estoy aquí contigo.

Desperté y maldije “puta la wea” y aprovechando que todavía no despertaba al 100 me induje el sueño para poder continuar.

Se paró y apareció la señorita zapatera.

- tiene que decirte algo, pero le cuesta.
- me va a romper el corazón?
- no.

Su expresión estaba iluminada, optimista de la información que tenía.


Sonó el despertador.

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