jueves, 23 de octubre de 2014

he soñado

Hace unas tres semanas soñé dos veces, y pesé que no volvería a soñar en unos dos años más, y es verdad, sueño la pe, onda como una vez por año o cada dos.
Estos últimos días he soñado todos los días, o al menos recordar que soñé. Cosas de no más de medio minuto a tiempo "real"

1. Visitaba a un colega y veía el logo en el Headstock de sus instrumentos y era completamente diferente a como acostumbra.
2. Mi compañero de tesis se bloqueaba durante la defensa y presentaba como el orto.
3. Me llegaba un sms y no lo podía leer, estaba como en un estado mental que no me permitía concentrarme en ello y todo se distorcionaba, pero alcanzaba a darme cuenta de quien lo había enviado, y eso me parecía aun más extraño
4. No lo recuerdo



sábado, 18 de octubre de 2014

La madriguera

Un día andaba tan pal pico que mi vieja me cachó, o sea, las mamás (o la mayoría) tienen esa capacidad mutante de leer las mentes de los hijos. De partida ya tienen una intuición mayor a la de los hombres y sumado a eso tienen una conexión mística con sus retoños. Esa conexión la tengo con ella y con mi hermana sobre todo. Me metió conversa para sacarme el rollo. La tengo más que cachá y yo ya sabía que preguntas me haría para sacarme información. Yo también tengo una intuición que a veces me asombra, sólo que a veces no la se leer, o me hago el hueón. Yo creo que supo que me pasaba pero se fue por otras ramas y terminamos conversando de mi futuro como ingeniero, conversa que duró como 5 minutos y que coronó con un "¿no quieres crecer?". O sea, obvio y es lógico, pero no quiero "autoasesinarme", si crecer les significa hacer lo que la sociedad dice, entonces no, no quiero hacerlo, pero no es eso, así no funciona la cosa que tengo en mi mente.

Este año hice dos experimentos conmigo mismo, de hecho hice uno durante 2012-2013 cuando tuve el tiempo suficiente para pensar y hacer un montón de cosas para mí y sólo para mí. Este año ambos experimentos arrojaron resultados - cómo decirlo? - alarmantes.
En el primero me dediqué a ejercer mi "profesión" tratando de compatibilizar el tiempo con mi oficio. Resultado: haz una de las dos, no ambas.
El segundo consistió en desarrollar mi oficio durante a lo más 8 horas diarias y ahora último - críticamente - compartiendo tiempo con mi tesis. Resultado: haz una de las dos, no ambas.
El primero lo hice por obligación, por compromiso con el sistema. El segundo por mi, para mi y un poco por el resto.

Todos me dicen "uy si, pero que bacan, puedes hacer las dos cosas", "pero mira, puedes trabajar en construcción y el resto del tiempo trabajar en las guitarras". Ya OK, déjenme hasta ahí no más y váyanse un largo rato a la cresta. Hasta ahora, en estos 4 años o 5 se me ha hecho medianamente fácil porque estaba estudiando, o sea, tenía ventanas, tenía días libres, etc., etc. Pero siempre supe que sería imposible compatibilizar ambas cosas y desarrollarlas plenamente. Con los años he podido controlar el tiempo, mi tiempo, que es fundamental, y vamos, para ese empleo hay que casarse, para ser "exitoso" como dicen hay que acumular experiencia. Yo lo veo así: para hacer lo que a uno realmente le gusta y hacerlo crecer hay que dedicarse, tendremos altos y bajos y de ambos aprenderemos y si quremos quedar contentos al final del día con nosotros mismos hay que hacer las cosas bien. Eso requiere esfuerzo, entrega, compromiso ¿amor? y varias cosas más. Si voy a hacer algo que sea por convicción.

Me conozco lo suficiente. Soy un hueón perseverante, testarudo, mañoso, muy tauro (a pesar de que estoy en la pitilla) y el tiempo me importa una mierda. Si hay que crecer, ya lo hice, hace rato y obvio que me falta también, no se trata de ir cumpliendo años, eso no significa nada, es sólo un consuelo para los ilusos que creen que un año más de vida les dará nuevas oportunidades y riqueza espiritual. PAMPLINAS la vida es hoy y ahora.



Tengo que abandonar la comodidad de la madriguera, esta que no es mía y que adorné con ramas de por ahí, pero no es la mía.


martes, 14 de octubre de 2014

der Komet

¿Recuerdas esos días cuando te la pasabas mirando las estrellas, y podías reconocerlas todas, o al menos gran parte? Añorabas que la noche fuera más larga y mas oscura aún para que tu penetrante ojo percibiera hasta lo más profundo de su alma. No esperabas nada, pero a pesar de eso te maravillabas con los meteoritos que se cruzaban sin avisar e inconscientemente tratabas de abarcar todo el cielo con tu mano por encontrar otro. Adquiriste la capacidad de enfocarte en más de un solo punto de interés y percibir nítidamente gran parte de tu espectro visual. Pudiste ver, en la lejanía del hogar, adornando el cielo con su largo cabello cano y su luz natural, un cometa. Nunca dimensionaste cuan hondo calaría en tus pensamientos ese resplandor que el firmamento cobijaba y opacaba cualquier cuerpo celeste.

Nunca desaparecerás para mi pequeño viajero, que tu trayectoria elíptica te traerá de vuelta siempre.


sábado, 4 de octubre de 2014

domingo, 13 de julio de 2014

Quiero volver a levantarme a las 4 de la mañana tomar mi bici y salir a donde fuera

martes, 8 de julio de 2014

Las mujeres de hoy


No se que ha pasado con la gente en estos años. Más bien: cómo llegamos a esto. Todo es culpa de esos hippies de mierda con su amor libre y exhibicionista. Si mi memoria no me falla, antes de eso las mujeres eran recatadas, no se entrometían en los asuntos que no le corresponden al género femenino. Claro, se les cedieron algunos derechos civiles, pero el hecho que su conducta afecte a la moral colectiva es un descalabro de magnitudes inimaginables para un hombre decente. Hoy en día con esa vestimenta liberal no dejan cabida a la imaginación de hombres que buscan desposar a sus prometidas y porque no a los que sus esposas las labores hogareñas borraron todo atractivo de antaño. Pantalones ceñidos, poleras ajustadas que dejan ver sus ombligos o sus hombros, a veces llego a aprobar tradiciones occidentales como las musulmanas. Veo la culpa tanto en esos diseñadores homosexuales como en esas familias que aprueban que sus hijas se exhiban en las calles, cual pedazo de carne. Nosotros no necesitamos y tampoco debemos tolerar ser espectadores de desnudos en nuestras calles para eso podemos pagar por un tiempo y deleitar nuestros más bajos instintos en privado. No he dejado de maldecir a esta generación durante todo el día. Quizás le pida la cena a mi mujer y salga a liberar estas tensiones y malos pensamientos con mis socios donde las niñas. Ellas nos entienden, al menos es lo que dicen o nos hacen entender. Tal vez deba contratar a una sirvienta más joven.

lunes, 7 de julio de 2014

noche de lecturas


"... era tarde y Matias aún caminaba por la calle, la misma ciudad, el mismo recorrido, los mismos lugares de siempre. Sin percatarse y sin saber tampoco qué hora era, dio a parar a un viejo escaparate, le pareció familiar, bastante familiar. Le tomó un minuto darse cuenta que le pertenecía. A pesar de estar cerrado por orden municipal por el no pago de las contribuciones del propietario, recordó que en su manojo de llaves que cuelgan de un llavero plástico percudido por los años y el roce con el pantalón, ese donde están las llaves de casa, del trabajo y del buzón de correos, también estaba la del estudio, este otro estudio. Sin pensarlo tomó la llave, la insertó en la cerradura y sin darse cuenta ya estaba dentro. No habían cambiado la chapa de acceso. No le asombró en absoluto. Recorrió un poco en la penumbra, ya que no quería levantar sospechas de que alguien había entrado. Pese a que la vecindad siempre hablaba demás y que a Matias no le importaba, trató de ser lo más precavido posible, como siempre, dejando la menor cantidad de evidencias, hasta donde él podía verlas. Disfrutó leyendo a la luz de la Luna creciente unos textos que había escrito en aquel entonces, cuando frecuentaba el estudio, cuando se asombraba por el cantar de los arboles bajo la tibia brisa de verano, cuando no podía pedir más al sentir el gélido soplido que le cortaba la cara en las tardes soleadas de invierno, de ver las calles y sus copas doradas al atardecer en otoño y los pétalos rosa danzando en primavera. Esos fueron algunos recuerdos que rondaron su mente mientras leía.

Curioseando entre repisas y cajones, buscando nada en especial, su atención se posó en un libro pequeño, tan pequeño que una cajetilla de fósforos le vendría bien como cofre. En fin, nada llamativo más que por su tamaño. Estaba a un costado del mesón de recepción, bajo el organizador de carpetas sobre el cual descansaba una gruesa capa de polvo, como lo hacía sobre todo el lugar. Tenía la inscripción de un par de contactos y sus respectivas direcciones. "No quedan muy lejos" pensó Matias que, se daba cuenta que ya no tenía nada más que hacer ahí por el momento. Salió por la puerta de acceso, la misma por la que entró tan cuidadosa e inconscientemente, ahora sin mayor preocupación de que estuviese siendo observado. No se percató que ya era hora en que la gente se dirige a sus trabajos, aunque el sol no salía, la Luna ya se había ocultado hace mucho. Caminó hasta el pasaje de los artistas, a donde casualmente pertenecían dos de las direcciones, ambas librerías. Le pareció extraño que una de ellas no la hubiese notado antes, en sus innumerables paseos. Quizás sus pensamientos estaban distantes de la realidad. Sólo observó desde fuera, algunos adornos de mesas, colgantes y campanillas. La otra dirección a sólo pasos de la anterior no le pareció extraña, de hecho la recordaba. Una puerta mora pastel que estaba directamente al frente del taller donde hacen clases de escritura en pluma, a la diestra de la escalera que ascendía y nunca se atrevió a subir, no fueron pocas las veces que pasó frente a él. Se acercó lo suficiente para darse cuenta que la puerta estaba abierta ¿a esa hora de la madrugada? Tal vez olvidaron cerrar, sin embargo las luces no estaban apagadas. El salón era balnco, cómodo, sin mayores adornos. Bastante sobrio. Una mesa de centro de baja altura rodeada de sillones de exóticas formas y colores uniformes llenaban el lugar. A un costado de la puerta de acceso, una antigua mesa de arrimo de fina caoba contrastaba con el espacio. Descansaba sobre ella un libro. Un libro que a todas luces era una especie de diario personal, sin nombre. Diario porque cada relato llevaba una fecha a la cabeza. Como de costumbre repasó el libro inconscientemente desde el final hasta el comienzo, tal como se leen esas tiras cómicas orientales. Poseía diversos estilos narrativos. No quiso leer en detalle por respeto a quien le perteneciera, en vez de eso se dispuso a pasar página por página, leyendo lineas al azar sólo por curiosidad. Todas las hojas tenían esbozos de algo por ambas caras, ideas, incluso dibujos... salvo una. Una sola hoja en blanco fue lo que llamó la atención de Matias esta vez. Intuyó que aun así contenía un mensaje. Durante un segundo, o menos, pasaron frente a sus ojos incontables maneras de descubrirlo, cada una de ellas con una ejecución tal, que no dañaran el diario en lo más mínimo. Intentó una sola vez. Ahí estaba ante sus ojos. Torpe como él solo, casi dejó caer por un momento el diario por el impacto. Permaneció un momento más, no supo cuanto, inmerso en sus pensamientos, intentando interpretar aquel mensaje. Nunca lo supo pero se sonrojó. Toda esa noche Matias no tuvo conciencia del movimiento de las arenas del tiempo. Cuidadosamente dejó el libro sobre la mesa, en la misma posición que recordaba y silenciosamente cerró la puerta tras de sí. Su paranoia lo obligó a saludar vergonzosamente pero a la vez de forma cortés a la desconocida mujer que en ese preciso minuto pasaba frente a la puerta mora pastel y que subió por la escalera. Con apuro giró a la izquierda, a la derecha, 7 pasos, y nuevamente a la derecha. Ya estaba en la calle. No fue capaz de olvidar el mensaje, aun camino a casa y tampoco después... "