jueves, 6 de noviembre de 2014

Cabaña

Estábamos en la cabaña a la que acostumbrábamos ir de vacaciones en verano. Era la número dos, ya que el sol tiene una caída característica pasado el mediodía. Era hora de almuerzo, o eso parecía, dado que estabas a la mesa con un plato de algo, no sabría decir a ciencia cierta que había preparado.
Yo venía recién llegando, pero no había recuerdos de dónde, sólo llegaba y me sentaba frente tuyo.
De pronto aparecía alguien que salía de la cocina, de la pieza grande o del baño. No sabría decirlo. Tu no le prestaste atención. Era tu madre. Sin embargo pude leer tu expresión y tus ojos cristalinos. Querías salir de ahí y quise ayudarte. No se quién de los dos se levantó de la mesa primero, pero cuando ella desapareció de nuestras vistas, desperté.

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