sábado, 15 de noviembre de 2014

Encuentro

Ese día las nubes eran gruesas y algodonosas. Quería poder abrazarlas. No era el típico cielo blanco uniforme que susurra al encierro hogareño. Era un cielo matizado de blanco y negros con leves tonos azulados y el aire tenía el aroma de la lluvia de la mañana sobre el pavimento y la brisa era cálida.

Estabas de pie junto a mi, frente a salida de mi casa, con tu largo abrigo y yo con mi impermeable sin capucha sobre mi vestido otoñal. No querías que entrara y yo tampoco, mis padres estaban dentro ya que estaban encendidas las luces que rodean las serpenteantes escaleras, y harían preguntas, pero ya se hacía tarde y debía entrar. Al parecer no pude contener mi expresión de tristeza, y pudiste notarlo. Mi rostro se reflejó en el tuyo, pero estabas tranquilo. Te alejabas caminando hacia atrás, sacudiendo lentamente una mano a media altura, de frente a mí para no perder nuestro contacto visual. Fue entonces cuando salió mi padre y me esperó junto a la mampara de acceso.

Había comenzado a llover y me preocupé pues no llevabas paraguas. Recordé cuanto te gusta caminar bajo la lluvia y me tranquilicé.

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