Estaba en medio de un operativo militar, creo que en calidad de reportero. Llevaba mi cámara fotográfica y vestido de civil, claro que con los accesorios necesarios para estar en medio de un conflicto armado e ir registrando todo.
Era de noche, claramente. Debíamos bordear un edificio y cumplir una misión que todavía no me quedaba muy clara. Todo estaba en ruinas, víctima de innumerables bombardeos y ataques civiles.
Cuando nos acercamos lo suficiente a un edificio, me di cuenta que estaba en en bando de los rebeldes, ninguno de ellos pertenecía a las fuerzas armadas y para peor yo no portaba ninguna identificación. Cuando ya comenzaba a respirarse la tensión en el aire dieron la instrucción de bordear el hangar - que estaba situado al frente - en posición de ataque sigilosamente mientras que nosotros subimos a la azotea para poder registrar todo. Arriba las condiciones eran desastrosas: gran parte de la loza ya no existía, poca visibilidad y nada donde protegerse.
Al parecer la situación estaba controlada aunque nada asegurado. Los rebeldes tenían sitiado todo el hangar que pretendía estar cerrado por sus cuatro costados cuando alguien grita que los militares tienen el gorro del jefe y aparecen unos boinas negras por doquier y comienza una carnicería entre destellos, ráfagas de metrallas rebeldes y salvajes cuchillas. Todo parecía ser una emboscada que funcionó a la perfección. Si bien al parecer los rebeldes superaban en número a los boinas negras estos se defendían mejor en el conflicto cuerpo a cuerpo frente al grueso armamento rebelde que era principalmente de largo alcance.
Dada la baja notable de las fuerzas rebeldes, mis compañeros y yo tendimos en el piso para tratar de no ser vistos por nadie. Demasiado tarde cuando veo a mis espaldas a una tropa saltar sobre los escasos muros que se dirige hacia nosotros. No había escapatoria ni esperanzas.
Un boina negra con un cuchillo en su mano me termina de tumbar en el suelo y me apuñala en la espalda una sola vez sin que me atravesara y me deja ahí. Siento la presión en la carne y como casi inmediatamente mis fuerzas disminuyen. Siento que me petrifico y me invade una angustia hasta que me muero.
Todo está incómodamente negro, no logro ver ni siquiera mi cuerpo. Floto en la nada durante algunos segundos consciente de que ya perdí la vida una vez más, sintiendo todo mi peso pero sin poder moverme, hasta que todo se torna natural y estoy de nuevo acostado en mi cama.
Era de noche, claramente. Debíamos bordear un edificio y cumplir una misión que todavía no me quedaba muy clara. Todo estaba en ruinas, víctima de innumerables bombardeos y ataques civiles.
Cuando nos acercamos lo suficiente a un edificio, me di cuenta que estaba en en bando de los rebeldes, ninguno de ellos pertenecía a las fuerzas armadas y para peor yo no portaba ninguna identificación. Cuando ya comenzaba a respirarse la tensión en el aire dieron la instrucción de bordear el hangar - que estaba situado al frente - en posición de ataque sigilosamente mientras que nosotros subimos a la azotea para poder registrar todo. Arriba las condiciones eran desastrosas: gran parte de la loza ya no existía, poca visibilidad y nada donde protegerse.
Al parecer la situación estaba controlada aunque nada asegurado. Los rebeldes tenían sitiado todo el hangar que pretendía estar cerrado por sus cuatro costados cuando alguien grita que los militares tienen el gorro del jefe y aparecen unos boinas negras por doquier y comienza una carnicería entre destellos, ráfagas de metrallas rebeldes y salvajes cuchillas. Todo parecía ser una emboscada que funcionó a la perfección. Si bien al parecer los rebeldes superaban en número a los boinas negras estos se defendían mejor en el conflicto cuerpo a cuerpo frente al grueso armamento rebelde que era principalmente de largo alcance.
Dada la baja notable de las fuerzas rebeldes, mis compañeros y yo tendimos en el piso para tratar de no ser vistos por nadie. Demasiado tarde cuando veo a mis espaldas a una tropa saltar sobre los escasos muros que se dirige hacia nosotros. No había escapatoria ni esperanzas.
Un boina negra con un cuchillo en su mano me termina de tumbar en el suelo y me apuñala en la espalda una sola vez sin que me atravesara y me deja ahí. Siento la presión en la carne y como casi inmediatamente mis fuerzas disminuyen. Siento que me petrifico y me invade una angustia hasta que me muero.
Todo está incómodamente negro, no logro ver ni siquiera mi cuerpo. Floto en la nada durante algunos segundos consciente de que ya perdí la vida una vez más, sintiendo todo mi peso pero sin poder moverme, hasta que todo se torna natural y estoy de nuevo acostado en mi cama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario