14.01.2015
... y el agua de color me envolvió, tibia y fresca, confortable y revitalizante. Me siento de momentos fuera de la piscina, pero sigo empapado, como si la lluvia no dejara de perseguirme, aún bajo el refugio de los oscuros estribos de aquel puente. Miro hacia afuera, porque estoy encerrado a voluntad. Mi yo apacible ya asesinó al enemigo, al yo conforme que seguiría el camino fácil.
Me gustaría pasar las horas bajo el cerezo, bajo el manzano, o en el columpio, tendido en el pasto mirando las nubes pasar, elegantes, impredecibles y cambiantes. Cambiante, como la Luna.
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