lunes, 29 de diciembre de 2014

Hibernación

17.12.2014

Ayer cuando me subí al auto de madrugada sonaba "Solos en la noche" en El Conquistador, en especial Ameno, de Era, canción y agrupación que escuchaba cuando chico, hace quizás 13 años. Imposible además no acordarse de Solyma.

Las calles estaban prácticamente vacías, no había ni un alma. Genial

De vuelta a casa sonó el tema central de "La Misión". Se me vino inmediatamente a la mente una única imagen. Una escena en particular, donde los nativos estaban construyendo violines, violas y otros instrumentos de cámara más. Esa película la vi hace más de 15 años. Creo que el que pudieran fabricar instrumentos caló hondo en mi cerebro, pero hibernó durante casi una década.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Switch

El pueblo de Chile no sabe lo que quiere. Pide educación gratuita y de calidad para todos. Que se eduquen el ojete primero. Educación es una cosa totalmente distinta a enseñanza académica. ESA es la que tiene que pedir una vez que se eduquen. La educación viene de la casa y es gratuita hace milenios, que sea de calidad es otra cosa. 

Para pedir la enseñanza gratuita hay que renovar el pensamiento común, ese tan cortoplacista del puto chileno. Sólo algunos dimensionan que el éxito de tal propuesta necesita de un cambio constitucional y de las reformas, pero la gente que trabaja, la que se saca la chucha para mantener a su familia no puede darse el lujo de pensar o invertir valioso tiempo en luchar por la sociedad. Hoy la gente joven se mueve y está bien, pero si tan sólo todos remaran para el mismo lado, la intención está, pero los cojones no.

Este país tercermundista está mal acostumbrado a copiar las buenas ideas e implantarlas de la peor posible forma. Ejemplo claro: Las redes del Metro y del Transantiago. Santiago es un ciudad mucho más grande y poblada que Berlín. El sistema de transporte es una CAGADA para casi 9000 habitantes por kilómetro cuadrado con un puñado de lineas y recorridos, claramente no dan abasto para tal demanda. Lo mismo pasa en la capital de mi región (no vivo ahí), TODA la locomoción pública pasa por la misma avenida a lo largo de 12 cuadras: mal diseño.

El ejemplo del Transantiago lo traduzco a un solo factor: falta gente que desarrolle labores técnicas. La "educación" actual no es más que un bien de consumo que vende a la fuerza títulos profesionales, y al ritmo de crecimiento poblacional, que es exponencial, llegará el día en que ingenieros venderán maní en la calle y médicos, gafas de cuneta. Ya hay un montón de profesionales que trabajan en cosas nada que ver de lo que estudiaron porque no encuentran trabajo, el sistema está colapsado y eso, desde hace como ya 15 años (pero para casos específicos). Todo esto porque el sistema vende esas carreras desde que somos enanos. Qué pasaría si los adultos no nos lavaran en cerebro y no rompieran nuestros sueños de niñez? Qué pasaría si desarrollaramos esas labores que nos fascinaban cuando pequeños, aunque las conocieramos sólo de nombre?

La orientación que nos dan en la secundaria es basura, el espectro es tremendamente reducido.

Ya decidí que no ejerceré lo que estudié. Mis ingresos serán reducidos al principio, pero ahí están mis ambiciones, no bajo un casco blanco ni con ropa semiformal que aparente ingresos inmediatos aparentemente altos. 

Usaré mi pelo largo, vestiré como se me plazca, comeré lo que considere correcto para mi. Esa es mi forma de decir NO al sistema. Mis viejos podrán decir que soy arrogante y puede ser, pero son mis convicciones, la renovación de la generación. Tampoco soy mi hermana.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ojalá (mentira)

Ojalá saber tirarme chanchos
ojalá poder dejar la tapa del baño arriba
ojalá saber escupir flemas
ojalá poder sentir cosas viendo tetas o potos
ojalá ser indiferente a la periodicidad de las duchas
ojalá andar roñoso y hediondo por la vida

No, todo lo anterior es mentira, estoy bien así, en simplemente un cuerpo masculino.
Estoy cómodo con mi asexualidad que asumí hace más de un año ¿quizás? e incluso hay otro detalle que reconocí hace meses.

Este gélido y rocoso planeta está bien en medio del espacio sideral alejado, muy alejado del sol a pesar de la existencia de satélites o cometas que rondan por ahí.

Dos en una

No se que cresta me está pasando, hace un cierto tiempo he estado soñando, digamos que para mi extraña naturaleza, bastante.

Anoche estuve en la cordillera, salí a sacar fotos de noche hasta donde la batería de la cámara me acompañó y volví a la cabaña a descansar.

Mientras "él" estaba en el patio, llegó su enemigo número uno, personificado en nada menos que Brad Pitt, hermoso, con su barba de dos días, cubierto en un traje blanco y un brillante cabello hasta media espalda. Había hecho su aparición en una pequeña loma a no más de dos metros frente suyo. "Él" quedó anonadado, imaginaba lo que podía suceder. La expresión de - digamos Brad Pitt - no era otra que la notable intención de exterminarlo, acompañado de una mueca que se asemejaba a una sonrisa pedante y orgullosa. "Él" trató de alejarse, no quería problemas, pero ya era imposible dado que él estaba demasiado cerca. Comenzó la batalla: uno al suelo, otro de pie, uno empuñando, otro defendiéndose, y así intercambiaron roles por varios minutos hasta que Brad Pitt desenfundó un revólver. Le apuntó, pero "él" lo convenció de que seria inútil eliminarlo, todo estaba en su contra hace bastante tiempo, por lo que sin pensarlo demasiado invirtió el sentido del arma y se disparó, de frente, estúpidamente, pretendiendo simular que "él" le habría disparado si alguien llegase a encontrar su cadáver. Su rostro demostró un gran asombro por haberse atrevido a realizar tal cosa. Nuevamente "él" lo hizo entrar en razón de su acción por lo que lanzó la pistola con fuerza lo más lejos que pudo y cayó.
"Él" no era otro que yo, visto en tercera persona, ahora lo hacía desde mis ojos.
Entre a la casa. La puerta de acceso tenía una mampara al costado derecho y el living algo reducido bien adornado y un poco oscuro pese a haber ventanas por doquier, era por la hora. Estaba sentado en un sillón cuando este imbécil golpea una puerta o una ventana tratando de entrar ¡no había muerto! y venía por nosotros. Ahí al lado mio había una niña, la tomé en silencio y nos escabullimos hacia la escalera que da al segundo piso. Traté de llamar a quien estaba arriba pero no hubo respuesta. Salimos por la puerta de la cocina. El espacio entre los muros de la casa y de deslinde era muy reducido. Iba casi de cuclillas avanzando junto a esta niña hacia la puerta de madera que da al antejardín cuando siento la presencia del sujeto frente a mi que lanza una baldosa gigante sobre nosotros. Mientras la veo caer, trato de protegernos con mi brazo a modo de escudo, logrando despedazarlo...

Desperté asombrado de haber soñado. Como todavía no estaba del todo consciente, traté de retomar el sueño.

Pocos edificios en pie. Un cielo rojo con nubes negras y un viento reconfortante. Me encontraba en lo alto de unos escombros. Elegantes fragmentos de dimensiones tiránicas en hormigón con los tensores que se habían cortado a la vista. Tenía mi cámara fotográfica en las manos. Se me acercó un grupo de neoflaites sin ninguna intención en particular. Conversamos un rato. Había olvidado que inmiscuirse mucho tiempo con ellos podía considerarse un delito. Me despedí cordialmente y ellos del mismo modo. Mientras bajaba, logré ver una comisión de ejército que se acercaba junto a un tumulto de gente. Para cuando el Comandante que llevaba una boina roja estaba equidistante entre los neoflaites y yo, anunció que todos quienes estaban tras él quedaban detenidos y a disposición de las fuerzas del estado. Me salvé al igual que otros tantos más. Entre los afortunados que estábamos delante del Comandante y a la distancia logré ver a la Isa que venía empujando a una amiga suya en silla de ruedas. La fui a buscar y nos saludamos con un abrazo apretado. Me presentó a la chica. Noté que la cara de la Isa estaba algo tostada y con muchas pecas, lo cual pudo haber sido alguna reacción alérgica a las emanaciones de la ciudad. Caminamos un rato en dirección a algo así como el Hospital, uno de las pocas estructuras en pie, de al parecer un solo piso de altura y con un gran pasillo al exterior.

Me despertó el balido de unos chivos bebé.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Dibujo

En mi perra existencia, desde que tengo memoria, he dibujado de todo, si, de todo. Desde un punto, hasta cosas ultra elaboradas, de esas que ya no dibujo más, principalmente por la práctica y por un leve (gran) cambio de estilo.

Cuando chico, cuando salíamos de vacaciones a la playa, siempre me llevaba un cuaderno para dibujar mis ideas. A veces, en esos 10 días en que ocupábamos la cabaña, me quedaba corto y me resignaba a esperar con e lápiz en la mano a volver a la casa para seguir dibujando.

Recuerdo una vez que fuimos a la cordillera y experimente con dibujar el paisaje. No me gustó. Lo había intentado antes pero no salió como esperaba.

Hay una imagen en mi mente, una figura. Tuve la intención de dibujarla para un día específico, pero me contuve. No se, como que está grabada al rojo vivo, muy patente, pero hay algo que me dice que no lo haga, no ahora, si en algún minuto. Quien sabe cuando.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sueños

El otro día soñé que tenia tuberculosis. Era simple: tosía, tapándome la boca, obvio, y al vérmelas, éstas alojaban lo que parecía ser una flema, roja, gigante y con granos como de una arena muy fina y oscura, pero bastante aguada. Como que me entré a preocupar pero no le dije nada a nadie. Me pasó varias veces más hasta que se lo conté a mi vieja. Tosí, pero esta vez la flema era tan grande que rebosaba la cavidad que había formado con mis manos y le dije "mira". Noté como se le vino un gran pesar encima. Fue ahí cuando me llevó al baño. Era el mismo baño, pero las manillas de la ducha eran distintas, como de un color blanco añejado. Ejecutó una combinación con las manillas de la ducha que no entendí y cerró la cortina. Miré por la ventana y me vi afuera en el cobertizo pasando frente al lavadero como hace un rato... ¡habíamos viajado en el tiempo! y claro, era para encontrar el origen de mi enfermedad.

Hoy soñé que me comía un durazno en la mañana y con eso rompía el ayuno para el examen que me tengo que hacer. También dentro del mismo sueño peleábamos con mi abuela materna y la echabamos cagando de la casa. Mi abuela lleva 4 años bajo tierra.

martes, 2 de diciembre de 2014

Calma

La avenida principal de la isla coronaba la vista con el volcán de la isla vecina, así como el castillo de Moritzburg lo hace a lo largo de la Schlossalle. El pueblo era pequeño y con un estilo arquitectónico característico y no muy variado. Edificios de no más de 2 pisos y de colores blancos o beige, todo parecía muy limpio y pulcro. Sus habitantes eran principalmente gente mayor de cargos públicos en ejercicio y otros tantos desarrollaban labores técnicas, muchas el día de hoy perdidas. 

Estábamos de paso en aquel lugar con mi hermana y otras personas más. Salí a dar una vuelta con la Javi. El día era perfecto, estaba despejado pero con nubes por montón y no más de 22°, tal como me gustan en primavera, además de una pequeña brisa con la que ondeaban los vestidos largos y moteados de las distinguidas damas. Por todas las calles la gente se movilizaba a pie, en muy pocas nos encontramos con automoviles o bicicletas. La avenida principal era amplia y con mucho movimiento. Diversos restaurantes y locales pequeños muy bien decorados llamaban nuestra atención, más que mal con mi hermana tenemos gustos muy similares por las cosas sobrias y de buen diseño. La gente, al igual que nosotros, se sentía muy feliz, hasta que un hombre, que llevaba un blazer amarillo pastel, de aproximadamente 64 años de edad alarmó a la gente apuntando al volcán, que en ese preciso momento escupía con fuerza una columna de humo tan negra como la noche y llamas carmín. Daba la impresión que el volcán se expandía y estaba a menos de cien metros de lugar.

No se cómo pero perdí de vista a la Javi. La gente estaba aterrorizada y entrando en distintos grados de crisis de pánico, corriendo de un lugar a otro, yo, sin embargo, no veía afectado mi estado anímico en lo más mínimo, era sólo un volcán haciendo erupción y que tarde o temprano arremetería en contra de todos nosotros. Se respiraba caos. Era hermoso. La gente desesperada corría a refugiarse en sus casas o a los edificios públicos más cercanos. En mi calma, me dediqué a buscar a mi hermana, mientras la gente tras las ventanas abarrotadas me miraban extrañados. ¿Cómo era posible que existiera alguien en este mundo que se tomara esta situación con tanta calma y no vele por su seguridad? Estaba solo en las calles, era el rey de la ciudad, nadie estorbaba mi andar, ahí, frente al enfurecido volcán.

De pronto me vi rumbo al edificio de correos. Una elegante construcción Art déco de un piso de altura, blanco, y con un mirador en la esquina sur - la que daba al volcán -con una pequeña cúpula plana con un anillo azul imperial. Cuando entré, lo que parecía el administrador, me retó. Le era inconcebible que fuera una persona tan inconsciente. A mi no me asombró en lo más mínimo, no me decía nada nuevo. Miramos por la ventana como la columna de polvo y humos se precipitaba contra la ciudad. Una vez todo en calma pudimos salir y ver que en verdad no era más que polvo lo que había alcanzado al pueblo, cual leve tormenta de arena.

Volví a buscar a la Javi, en medio de ahora un par de sujetos que curioseaban los leves estragos. Pasé a un kiosco donde vendían revistas, helados y algunas golosinas justo al lado de un corredor colonial abierto con un frondoso parrón como cubierta. Me llamaron la atención las galletas 303 y un par de dulces nacionales ¿qué tenían que hacer ahí? Todo excesivamente caro, entre 400 a 800 shekel. Estaba ahí Roberto, un compañero del colegio con el que no tengo contacto ni cercanía. Me saludó con su clásica expresión despectiva, por mi parte lo hice con asombro. No tenía tiempo para formalidades (tampoco me interesaba entablar conversación), a si que me despedí en el acto.

Caminé por el corredor. No se si volví a casa, ni si acaso encontré a mi hermana.

En el cerro

Estábamos los ocho en algún terreno del secano. La casa, de adobe y tejas de arcilla, con la fachada desgastada por los años y vestigios de una pintura a base de cal, estaba ubicada casi en la cresta del cerro. El cielo estaba anaranjado pese a haber pasado el medio día hace un par de horas, por lo que todo el lugar estaba iluminado en tonos cálidos, que sumado a la resequedad del lugar, provocaban en uno una especie de tensión interna. Algunos estaban tras la cerca cerro abajo, delante de lo que parecían ser eucaliptos, paseando y riendo. No era minuto para pasear.

El otro Maty y yo, quizás junto a Rodolfo o la Ale, estábamos a medio camino, buscando al resto y contra el tiempo. En un par de hora debíamos tomar el avión y peor, teníamos que hacer escala en Hong Kong. Sólo yo dimensionaba lo que eso significaba. Un tiempo mínimo de retraso implicaría perder la conexión y quedar varados en un país totalmente desconocido, sin dinero ni opciones de reembolso o cambio del ticket.

Cargábamos sólo algunos de nuestros equipajes para cuando logramos reunirnos. Ya en la casa tomamos el resto de los bolsos y maletas. Al voltearme, estaba solo, en esa casa oscura, cuyas ventanas abarrotadas incrustadas en los gruesos muros no dejaban entrar más luz que la que dibujaba su forma. 

Sin meditar ni esperar inicié mi camino.

No se si los encontré.
No se si llegué a Hong Kong.
No se si llegué a mi destino.
Nunca supe cual era mi destino.