sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos en una

No se que cresta me está pasando, hace un cierto tiempo he estado soñando, digamos que para mi extraña naturaleza, bastante.

Anoche estuve en la cordillera, salí a sacar fotos de noche hasta donde la batería de la cámara me acompañó y volví a la cabaña a descansar.

Mientras "él" estaba en el patio, llegó su enemigo número uno, personificado en nada menos que Brad Pitt, hermoso, con su barba de dos días, cubierto en un traje blanco y un brillante cabello hasta media espalda. Había hecho su aparición en una pequeña loma a no más de dos metros frente suyo. "Él" quedó anonadado, imaginaba lo que podía suceder. La expresión de - digamos Brad Pitt - no era otra que la notable intención de exterminarlo, acompañado de una mueca que se asemejaba a una sonrisa pedante y orgullosa. "Él" trató de alejarse, no quería problemas, pero ya era imposible dado que él estaba demasiado cerca. Comenzó la batalla: uno al suelo, otro de pie, uno empuñando, otro defendiéndose, y así intercambiaron roles por varios minutos hasta que Brad Pitt desenfundó un revólver. Le apuntó, pero "él" lo convenció de que seria inútil eliminarlo, todo estaba en su contra hace bastante tiempo, por lo que sin pensarlo demasiado invirtió el sentido del arma y se disparó, de frente, estúpidamente, pretendiendo simular que "él" le habría disparado si alguien llegase a encontrar su cadáver. Su rostro demostró un gran asombro por haberse atrevido a realizar tal cosa. Nuevamente "él" lo hizo entrar en razón de su acción por lo que lanzó la pistola con fuerza lo más lejos que pudo y cayó.
"Él" no era otro que yo, visto en tercera persona, ahora lo hacía desde mis ojos.
Entre a la casa. La puerta de acceso tenía una mampara al costado derecho y el living algo reducido bien adornado y un poco oscuro pese a haber ventanas por doquier, era por la hora. Estaba sentado en un sillón cuando este imbécil golpea una puerta o una ventana tratando de entrar ¡no había muerto! y venía por nosotros. Ahí al lado mio había una niña, la tomé en silencio y nos escabullimos hacia la escalera que da al segundo piso. Traté de llamar a quien estaba arriba pero no hubo respuesta. Salimos por la puerta de la cocina. El espacio entre los muros de la casa y de deslinde era muy reducido. Iba casi de cuclillas avanzando junto a esta niña hacia la puerta de madera que da al antejardín cuando siento la presencia del sujeto frente a mi que lanza una baldosa gigante sobre nosotros. Mientras la veo caer, trato de protegernos con mi brazo a modo de escudo, logrando despedazarlo...

Desperté asombrado de haber soñado. Como todavía no estaba del todo consciente, traté de retomar el sueño.

Pocos edificios en pie. Un cielo rojo con nubes negras y un viento reconfortante. Me encontraba en lo alto de unos escombros. Elegantes fragmentos de dimensiones tiránicas en hormigón con los tensores que se habían cortado a la vista. Tenía mi cámara fotográfica en las manos. Se me acercó un grupo de neoflaites sin ninguna intención en particular. Conversamos un rato. Había olvidado que inmiscuirse mucho tiempo con ellos podía considerarse un delito. Me despedí cordialmente y ellos del mismo modo. Mientras bajaba, logré ver una comisión de ejército que se acercaba junto a un tumulto de gente. Para cuando el Comandante que llevaba una boina roja estaba equidistante entre los neoflaites y yo, anunció que todos quienes estaban tras él quedaban detenidos y a disposición de las fuerzas del estado. Me salvé al igual que otros tantos más. Entre los afortunados que estábamos delante del Comandante y a la distancia logré ver a la Isa que venía empujando a una amiga suya en silla de ruedas. La fui a buscar y nos saludamos con un abrazo apretado. Me presentó a la chica. Noté que la cara de la Isa estaba algo tostada y con muchas pecas, lo cual pudo haber sido alguna reacción alérgica a las emanaciones de la ciudad. Caminamos un rato en dirección a algo así como el Hospital, uno de las pocas estructuras en pie, de al parecer un solo piso de altura y con un gran pasillo al exterior.

Me despertó el balido de unos chivos bebé.

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