Y ahí estaba yo, solo en medio de la avanzada noche, era todo muy azul, lograba distinguir todo desde alguna posición privilegiada, quizás desde Huilquilemu o la gran vuelta San Jorge, donde la vista del cordón montañoso es casi completa, cuando de pronto el volcán escupió algo de lava. Poco me sorprendió, mal que mal es un volcán y es lógico que en algún minuto retomara su actividad, pero el espectáculo fue soberbio al momento en que la roca fundida se elevó hasta una altura que triplicaba a la del volcán, algo así como hasta los 11.000 msnm mientras una sección del costado sur se desmoronaba y la lava brillaba a lo largo de toda la montaña visible. Debo haber tenido una radio o el celular sintonizando algún dial, dado que una radio local informaba desmanes y motines en la ciudad. Me asombré al ver cómo rocas fundidas de tamaños monumentales de deslizaban hacia la depresión intermedia, misteriosamente no habían bosques ni pueblos a la vista.
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