No sé si este ejercicio de escribir los recuerdos nocturnos me esté sirviendo, quizás lo hace, quizás no, pero noto que aunque sean sueños de segundos, logro retenerlo gran parte del día en mi memoria a corto plazo, igual de dañada que la otra. Al menos noto este cambio en que al despertar siento cosas, impresiones, intuiciones, que determinadas acciones o eventos dentro del día activan el recuerdo, lógicamente involuntarios - sensaciones que antes no sentía, dormir era un pestañeo, literalmente -, es cuando trato de plasmarlos acá o en mi croquera de dibujos.
Dibujos, esos que hago a diario sin ningún sentido más que materializar mi imaginación, con inspiración o sin ella, y es que no me permito crear cosas que si de llegar esa inspiración lúcida, me pille sin practica, esa que hace al maestro, cualquier sorbo de inspiración sin una gota de práctica será un desperdicio.
Quiero usar mis manos, pintar al oleo como no lo hago hace más de una década, esculpir, tallar como lo hago regularmente al reparar.
Quiero subirme al techo a meditar, pero el verano apesta y el sol me clava sus garras.
Quiero recorrer ese camino.
Quiero viajar.
Dibujos, esos que hago a diario sin ningún sentido más que materializar mi imaginación, con inspiración o sin ella, y es que no me permito crear cosas que si de llegar esa inspiración lúcida, me pille sin practica, esa que hace al maestro, cualquier sorbo de inspiración sin una gota de práctica será un desperdicio.
Quiero usar mis manos, pintar al oleo como no lo hago hace más de una década, esculpir, tallar como lo hago regularmente al reparar.
Quiero subirme al techo a meditar, pero el verano apesta y el sol me clava sus garras.
Quiero recorrer ese camino.
Quiero viajar.
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