22.07.2015
Teníamos que quedarnos mi hermana y yo en la casa de su amiga del colegio por la noche. Era otra casa, nada que ver con la de siempre. Esta era casi una pocilga, con un pasillo largo a la derecha de a entrada, de la cual estaban del costado sur los dormitorios, y del norte los baños. Al final estaba lo que podía ser la cocina/sala de estar. Todo era muy feo y sucio, con esa típica pintura verde agua de mierda que usan los huasos en las cocinas cuando no tienen cerámicas. Habían chucherías colgando por todos lados, todo muy desgastado y con claras muestras de un interés prácticamente nulo por el aseo, cuidado y confort.
Pasé la noche en un dormitorio que tenía al menos más de una cama, era amplio pero repleto de puras leseras. No pude distinguir quién más estaba ahí.
Me desperté temprano, tomé mi mochila y fui a buscar el baño. Habían por lo que recuerdo unos cuatro o cinco, ninguno de ellos con puerta, si no que con cortinas, muy rasca todo. Entré a uno y miré al espejo y lo que parecía ser la ducha, que estaba como en alto tras un pequeño muro de baja altura, todo estaba en una muy tenue penumbra. Abrí la llave de la ducha e intenté prender la luz pero nada, no encendió. Al intentarlo varias veces sin éxito, me vi en la necesidad de cambiarme de baño, pero estaban todos iguales o quizás cual en peores condiciones. Creo que pasó la mamá de las niñas y me dijo que el primer baño era el de hombres, que no me hiciera "el vivito", no entendí a que se refería, me dijo también que no había luz porque no la habían pagado hace meses. Retrocedí con mis cosas entre los brazos pero no pude dar con el baño, que era el primero al que había entrado, ahora todos parecían igual y quizás mas oscuros. Debo haber perdido bastante tiempo buscándolo porque apareció la menor de las hermanas y me dijo algo que no logro recordar, pero que ya era tarde y que si no me arreglaba luego, me tendría que ir solo. Y era verdad, ya estaba bastante atrasado y ya estaba claro, pero me dio lo mismo, me di la libertad de llegar tarde a donde quiera que fuera que tenía que ir.
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Estoy en una galería de arte y lo primero que veo es un cuadro muy caricaturesco con dos personas corriendo tras un par de delfines. Las personas son una pareja: él de pelo castaño claro llegando a colorín y el de ella era oscuro. Los delfines no tenían diferencia alguna entre ellos, pero si sobre uno de ellos había como un chorro de agua sobre la superficie. Lo interpreté de inmediato.
Luego pasaría por otros salones. Parecía ser una muestra de la Mujer del Sombrero, incursionando en un sinfín de técnicas, entre artes plásticas y escritos. De uno u otro modo muchas de las obras me llegaron. Creo que al final del recorrido estaba ahí.
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