lunes, 29 de diciembre de 2014

Hibernación

17.12.2014

Ayer cuando me subí al auto de madrugada sonaba "Solos en la noche" en El Conquistador, en especial Ameno, de Era, canción y agrupación que escuchaba cuando chico, hace quizás 13 años. Imposible además no acordarse de Solyma.

Las calles estaban prácticamente vacías, no había ni un alma. Genial

De vuelta a casa sonó el tema central de "La Misión". Se me vino inmediatamente a la mente una única imagen. Una escena en particular, donde los nativos estaban construyendo violines, violas y otros instrumentos de cámara más. Esa película la vi hace más de 15 años. Creo que el que pudieran fabricar instrumentos caló hondo en mi cerebro, pero hibernó durante casi una década.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Switch

El pueblo de Chile no sabe lo que quiere. Pide educación gratuita y de calidad para todos. Que se eduquen el ojete primero. Educación es una cosa totalmente distinta a enseñanza académica. ESA es la que tiene que pedir una vez que se eduquen. La educación viene de la casa y es gratuita hace milenios, que sea de calidad es otra cosa. 

Para pedir la enseñanza gratuita hay que renovar el pensamiento común, ese tan cortoplacista del puto chileno. Sólo algunos dimensionan que el éxito de tal propuesta necesita de un cambio constitucional y de las reformas, pero la gente que trabaja, la que se saca la chucha para mantener a su familia no puede darse el lujo de pensar o invertir valioso tiempo en luchar por la sociedad. Hoy la gente joven se mueve y está bien, pero si tan sólo todos remaran para el mismo lado, la intención está, pero los cojones no.

Este país tercermundista está mal acostumbrado a copiar las buenas ideas e implantarlas de la peor posible forma. Ejemplo claro: Las redes del Metro y del Transantiago. Santiago es un ciudad mucho más grande y poblada que Berlín. El sistema de transporte es una CAGADA para casi 9000 habitantes por kilómetro cuadrado con un puñado de lineas y recorridos, claramente no dan abasto para tal demanda. Lo mismo pasa en la capital de mi región (no vivo ahí), TODA la locomoción pública pasa por la misma avenida a lo largo de 12 cuadras: mal diseño.

El ejemplo del Transantiago lo traduzco a un solo factor: falta gente que desarrolle labores técnicas. La "educación" actual no es más que un bien de consumo que vende a la fuerza títulos profesionales, y al ritmo de crecimiento poblacional, que es exponencial, llegará el día en que ingenieros venderán maní en la calle y médicos, gafas de cuneta. Ya hay un montón de profesionales que trabajan en cosas nada que ver de lo que estudiaron porque no encuentran trabajo, el sistema está colapsado y eso, desde hace como ya 15 años (pero para casos específicos). Todo esto porque el sistema vende esas carreras desde que somos enanos. Qué pasaría si los adultos no nos lavaran en cerebro y no rompieran nuestros sueños de niñez? Qué pasaría si desarrollaramos esas labores que nos fascinaban cuando pequeños, aunque las conocieramos sólo de nombre?

La orientación que nos dan en la secundaria es basura, el espectro es tremendamente reducido.

Ya decidí que no ejerceré lo que estudié. Mis ingresos serán reducidos al principio, pero ahí están mis ambiciones, no bajo un casco blanco ni con ropa semiformal que aparente ingresos inmediatos aparentemente altos. 

Usaré mi pelo largo, vestiré como se me plazca, comeré lo que considere correcto para mi. Esa es mi forma de decir NO al sistema. Mis viejos podrán decir que soy arrogante y puede ser, pero son mis convicciones, la renovación de la generación. Tampoco soy mi hermana.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ojalá (mentira)

Ojalá saber tirarme chanchos
ojalá poder dejar la tapa del baño arriba
ojalá saber escupir flemas
ojalá poder sentir cosas viendo tetas o potos
ojalá ser indiferente a la periodicidad de las duchas
ojalá andar roñoso y hediondo por la vida

No, todo lo anterior es mentira, estoy bien así, en simplemente un cuerpo masculino.
Estoy cómodo con mi asexualidad que asumí hace más de un año ¿quizás? e incluso hay otro detalle que reconocí hace meses.

Este gélido y rocoso planeta está bien en medio del espacio sideral alejado, muy alejado del sol a pesar de la existencia de satélites o cometas que rondan por ahí.

Dos en una

No se que cresta me está pasando, hace un cierto tiempo he estado soñando, digamos que para mi extraña naturaleza, bastante.

Anoche estuve en la cordillera, salí a sacar fotos de noche hasta donde la batería de la cámara me acompañó y volví a la cabaña a descansar.

Mientras "él" estaba en el patio, llegó su enemigo número uno, personificado en nada menos que Brad Pitt, hermoso, con su barba de dos días, cubierto en un traje blanco y un brillante cabello hasta media espalda. Había hecho su aparición en una pequeña loma a no más de dos metros frente suyo. "Él" quedó anonadado, imaginaba lo que podía suceder. La expresión de - digamos Brad Pitt - no era otra que la notable intención de exterminarlo, acompañado de una mueca que se asemejaba a una sonrisa pedante y orgullosa. "Él" trató de alejarse, no quería problemas, pero ya era imposible dado que él estaba demasiado cerca. Comenzó la batalla: uno al suelo, otro de pie, uno empuñando, otro defendiéndose, y así intercambiaron roles por varios minutos hasta que Brad Pitt desenfundó un revólver. Le apuntó, pero "él" lo convenció de que seria inútil eliminarlo, todo estaba en su contra hace bastante tiempo, por lo que sin pensarlo demasiado invirtió el sentido del arma y se disparó, de frente, estúpidamente, pretendiendo simular que "él" le habría disparado si alguien llegase a encontrar su cadáver. Su rostro demostró un gran asombro por haberse atrevido a realizar tal cosa. Nuevamente "él" lo hizo entrar en razón de su acción por lo que lanzó la pistola con fuerza lo más lejos que pudo y cayó.
"Él" no era otro que yo, visto en tercera persona, ahora lo hacía desde mis ojos.
Entre a la casa. La puerta de acceso tenía una mampara al costado derecho y el living algo reducido bien adornado y un poco oscuro pese a haber ventanas por doquier, era por la hora. Estaba sentado en un sillón cuando este imbécil golpea una puerta o una ventana tratando de entrar ¡no había muerto! y venía por nosotros. Ahí al lado mio había una niña, la tomé en silencio y nos escabullimos hacia la escalera que da al segundo piso. Traté de llamar a quien estaba arriba pero no hubo respuesta. Salimos por la puerta de la cocina. El espacio entre los muros de la casa y de deslinde era muy reducido. Iba casi de cuclillas avanzando junto a esta niña hacia la puerta de madera que da al antejardín cuando siento la presencia del sujeto frente a mi que lanza una baldosa gigante sobre nosotros. Mientras la veo caer, trato de protegernos con mi brazo a modo de escudo, logrando despedazarlo...

Desperté asombrado de haber soñado. Como todavía no estaba del todo consciente, traté de retomar el sueño.

Pocos edificios en pie. Un cielo rojo con nubes negras y un viento reconfortante. Me encontraba en lo alto de unos escombros. Elegantes fragmentos de dimensiones tiránicas en hormigón con los tensores que se habían cortado a la vista. Tenía mi cámara fotográfica en las manos. Se me acercó un grupo de neoflaites sin ninguna intención en particular. Conversamos un rato. Había olvidado que inmiscuirse mucho tiempo con ellos podía considerarse un delito. Me despedí cordialmente y ellos del mismo modo. Mientras bajaba, logré ver una comisión de ejército que se acercaba junto a un tumulto de gente. Para cuando el Comandante que llevaba una boina roja estaba equidistante entre los neoflaites y yo, anunció que todos quienes estaban tras él quedaban detenidos y a disposición de las fuerzas del estado. Me salvé al igual que otros tantos más. Entre los afortunados que estábamos delante del Comandante y a la distancia logré ver a la Isa que venía empujando a una amiga suya en silla de ruedas. La fui a buscar y nos saludamos con un abrazo apretado. Me presentó a la chica. Noté que la cara de la Isa estaba algo tostada y con muchas pecas, lo cual pudo haber sido alguna reacción alérgica a las emanaciones de la ciudad. Caminamos un rato en dirección a algo así como el Hospital, uno de las pocas estructuras en pie, de al parecer un solo piso de altura y con un gran pasillo al exterior.

Me despertó el balido de unos chivos bebé.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Dibujo

En mi perra existencia, desde que tengo memoria, he dibujado de todo, si, de todo. Desde un punto, hasta cosas ultra elaboradas, de esas que ya no dibujo más, principalmente por la práctica y por un leve (gran) cambio de estilo.

Cuando chico, cuando salíamos de vacaciones a la playa, siempre me llevaba un cuaderno para dibujar mis ideas. A veces, en esos 10 días en que ocupábamos la cabaña, me quedaba corto y me resignaba a esperar con e lápiz en la mano a volver a la casa para seguir dibujando.

Recuerdo una vez que fuimos a la cordillera y experimente con dibujar el paisaje. No me gustó. Lo había intentado antes pero no salió como esperaba.

Hay una imagen en mi mente, una figura. Tuve la intención de dibujarla para un día específico, pero me contuve. No se, como que está grabada al rojo vivo, muy patente, pero hay algo que me dice que no lo haga, no ahora, si en algún minuto. Quien sabe cuando.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Sueños

El otro día soñé que tenia tuberculosis. Era simple: tosía, tapándome la boca, obvio, y al vérmelas, éstas alojaban lo que parecía ser una flema, roja, gigante y con granos como de una arena muy fina y oscura, pero bastante aguada. Como que me entré a preocupar pero no le dije nada a nadie. Me pasó varias veces más hasta que se lo conté a mi vieja. Tosí, pero esta vez la flema era tan grande que rebosaba la cavidad que había formado con mis manos y le dije "mira". Noté como se le vino un gran pesar encima. Fue ahí cuando me llevó al baño. Era el mismo baño, pero las manillas de la ducha eran distintas, como de un color blanco añejado. Ejecutó una combinación con las manillas de la ducha que no entendí y cerró la cortina. Miré por la ventana y me vi afuera en el cobertizo pasando frente al lavadero como hace un rato... ¡habíamos viajado en el tiempo! y claro, era para encontrar el origen de mi enfermedad.

Hoy soñé que me comía un durazno en la mañana y con eso rompía el ayuno para el examen que me tengo que hacer. También dentro del mismo sueño peleábamos con mi abuela materna y la echabamos cagando de la casa. Mi abuela lleva 4 años bajo tierra.

martes, 2 de diciembre de 2014

Calma

La avenida principal de la isla coronaba la vista con el volcán de la isla vecina, así como el castillo de Moritzburg lo hace a lo largo de la Schlossalle. El pueblo era pequeño y con un estilo arquitectónico característico y no muy variado. Edificios de no más de 2 pisos y de colores blancos o beige, todo parecía muy limpio y pulcro. Sus habitantes eran principalmente gente mayor de cargos públicos en ejercicio y otros tantos desarrollaban labores técnicas, muchas el día de hoy perdidas. 

Estábamos de paso en aquel lugar con mi hermana y otras personas más. Salí a dar una vuelta con la Javi. El día era perfecto, estaba despejado pero con nubes por montón y no más de 22°, tal como me gustan en primavera, además de una pequeña brisa con la que ondeaban los vestidos largos y moteados de las distinguidas damas. Por todas las calles la gente se movilizaba a pie, en muy pocas nos encontramos con automoviles o bicicletas. La avenida principal era amplia y con mucho movimiento. Diversos restaurantes y locales pequeños muy bien decorados llamaban nuestra atención, más que mal con mi hermana tenemos gustos muy similares por las cosas sobrias y de buen diseño. La gente, al igual que nosotros, se sentía muy feliz, hasta que un hombre, que llevaba un blazer amarillo pastel, de aproximadamente 64 años de edad alarmó a la gente apuntando al volcán, que en ese preciso momento escupía con fuerza una columna de humo tan negra como la noche y llamas carmín. Daba la impresión que el volcán se expandía y estaba a menos de cien metros de lugar.

No se cómo pero perdí de vista a la Javi. La gente estaba aterrorizada y entrando en distintos grados de crisis de pánico, corriendo de un lugar a otro, yo, sin embargo, no veía afectado mi estado anímico en lo más mínimo, era sólo un volcán haciendo erupción y que tarde o temprano arremetería en contra de todos nosotros. Se respiraba caos. Era hermoso. La gente desesperada corría a refugiarse en sus casas o a los edificios públicos más cercanos. En mi calma, me dediqué a buscar a mi hermana, mientras la gente tras las ventanas abarrotadas me miraban extrañados. ¿Cómo era posible que existiera alguien en este mundo que se tomara esta situación con tanta calma y no vele por su seguridad? Estaba solo en las calles, era el rey de la ciudad, nadie estorbaba mi andar, ahí, frente al enfurecido volcán.

De pronto me vi rumbo al edificio de correos. Una elegante construcción Art déco de un piso de altura, blanco, y con un mirador en la esquina sur - la que daba al volcán -con una pequeña cúpula plana con un anillo azul imperial. Cuando entré, lo que parecía el administrador, me retó. Le era inconcebible que fuera una persona tan inconsciente. A mi no me asombró en lo más mínimo, no me decía nada nuevo. Miramos por la ventana como la columna de polvo y humos se precipitaba contra la ciudad. Una vez todo en calma pudimos salir y ver que en verdad no era más que polvo lo que había alcanzado al pueblo, cual leve tormenta de arena.

Volví a buscar a la Javi, en medio de ahora un par de sujetos que curioseaban los leves estragos. Pasé a un kiosco donde vendían revistas, helados y algunas golosinas justo al lado de un corredor colonial abierto con un frondoso parrón como cubierta. Me llamaron la atención las galletas 303 y un par de dulces nacionales ¿qué tenían que hacer ahí? Todo excesivamente caro, entre 400 a 800 shekel. Estaba ahí Roberto, un compañero del colegio con el que no tengo contacto ni cercanía. Me saludó con su clásica expresión despectiva, por mi parte lo hice con asombro. No tenía tiempo para formalidades (tampoco me interesaba entablar conversación), a si que me despedí en el acto.

Caminé por el corredor. No se si volví a casa, ni si acaso encontré a mi hermana.

En el cerro

Estábamos los ocho en algún terreno del secano. La casa, de adobe y tejas de arcilla, con la fachada desgastada por los años y vestigios de una pintura a base de cal, estaba ubicada casi en la cresta del cerro. El cielo estaba anaranjado pese a haber pasado el medio día hace un par de horas, por lo que todo el lugar estaba iluminado en tonos cálidos, que sumado a la resequedad del lugar, provocaban en uno una especie de tensión interna. Algunos estaban tras la cerca cerro abajo, delante de lo que parecían ser eucaliptos, paseando y riendo. No era minuto para pasear.

El otro Maty y yo, quizás junto a Rodolfo o la Ale, estábamos a medio camino, buscando al resto y contra el tiempo. En un par de hora debíamos tomar el avión y peor, teníamos que hacer escala en Hong Kong. Sólo yo dimensionaba lo que eso significaba. Un tiempo mínimo de retraso implicaría perder la conexión y quedar varados en un país totalmente desconocido, sin dinero ni opciones de reembolso o cambio del ticket.

Cargábamos sólo algunos de nuestros equipajes para cuando logramos reunirnos. Ya en la casa tomamos el resto de los bolsos y maletas. Al voltearme, estaba solo, en esa casa oscura, cuyas ventanas abarrotadas incrustadas en los gruesos muros no dejaban entrar más luz que la que dibujaba su forma. 

Sin meditar ni esperar inicié mi camino.

No se si los encontré.
No se si llegué a Hong Kong.
No se si llegué a mi destino.
Nunca supe cual era mi destino.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Otro

Iba viajando. Había revisado el mapa como suele hacerlo cuando va a un lugar desconocido, sin embargo manejaba dos o tres datos, los suficientes para poder llegar. De todas formas nada le era imposible. Cuando llegó se sentó a esperar sobre la solera y acarició con sus dedos largos al gato que rondaba el lugar. Era un animal sin igual, de pelaje ceniciento y de textura similar a la lana de un cordero, grueso y compacto. No tenía reparo en mostrar su placer al levantar su nariz rosa y entrecerrar sus ojos. Ya era mediodía. Mientras seguía jugueteando con el gato, los amigos llegaron a la puerta. No se conocían, por ende, pese a que notaron su presencia, no supieron quién era ni tampoco se detuvieron en pensar quién sería. Llamaron a la puerta y salió en un santiamén de la casa y los saludó amablemente. 

Me miró y cerró la puerta de calle. Al acercarse me paré y me despedí del gato. Caminé tras ellos, delante de ellos, siempre en torno al trío. Sentía que me observaban demasiado. No sabría decir con certeza las calles por las que pasamos, pero cuando me adelantaba más de media cuadra los esperaba y si me quedaba frente a una vitrina o algo que llamara mi atención, los alcanzaba en cosa de segundos. Siempre hago lo mismo.

Comenzaron a hacerle preguntas, para conocerle, ya que entendieron que también era parte del grupo, no hubo problemas en tratar de integrarle. Pero su inquieto carácter hizo que se perdiera en algún minuto.

No supe en que minuto los perdí de vista. ¿Cuál de los tres más despistados? Siempre que estoy a cargo de un grupo de personas, suelo no perderlos de vista, aunque implique que no disfrute tanto como si estuviese en soledad. Creo que caminé muy rápido. Debo reconocer que en varias ocasiones note que nuestras miradas se cruzaban, tu conversando con ellos, yo en la distancia, como buscando algo. El mensaje era claro.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Encuentro

Ese día las nubes eran gruesas y algodonosas. Quería poder abrazarlas. No era el típico cielo blanco uniforme que susurra al encierro hogareño. Era un cielo matizado de blanco y negros con leves tonos azulados y el aire tenía el aroma de la lluvia de la mañana sobre el pavimento y la brisa era cálida.

Estabas de pie junto a mi, frente a salida de mi casa, con tu largo abrigo y yo con mi impermeable sin capucha sobre mi vestido otoñal. No querías que entrara y yo tampoco, mis padres estaban dentro ya que estaban encendidas las luces que rodean las serpenteantes escaleras, y harían preguntas, pero ya se hacía tarde y debía entrar. Al parecer no pude contener mi expresión de tristeza, y pudiste notarlo. Mi rostro se reflejó en el tuyo, pero estabas tranquilo. Te alejabas caminando hacia atrás, sacudiendo lentamente una mano a media altura, de frente a mí para no perder nuestro contacto visual. Fue entonces cuando salió mi padre y me esperó junto a la mampara de acceso.

Había comenzado a llover y me preocupé pues no llevabas paraguas. Recordé cuanto te gusta caminar bajo la lluvia y me tranquilicé.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cabaña

Estábamos en la cabaña a la que acostumbrábamos ir de vacaciones en verano. Era la número dos, ya que el sol tiene una caída característica pasado el mediodía. Era hora de almuerzo, o eso parecía, dado que estabas a la mesa con un plato de algo, no sabría decir a ciencia cierta que había preparado.
Yo venía recién llegando, pero no había recuerdos de dónde, sólo llegaba y me sentaba frente tuyo.
De pronto aparecía alguien que salía de la cocina, de la pieza grande o del baño. No sabría decirlo. Tu no le prestaste atención. Era tu madre. Sin embargo pude leer tu expresión y tus ojos cristalinos. Querías salir de ahí y quise ayudarte. No se quién de los dos se levantó de la mesa primero, pero cuando ella desapareció de nuestras vistas, desperté.

jueves, 23 de octubre de 2014

he soñado

Hace unas tres semanas soñé dos veces, y pesé que no volvería a soñar en unos dos años más, y es verdad, sueño la pe, onda como una vez por año o cada dos.
Estos últimos días he soñado todos los días, o al menos recordar que soñé. Cosas de no más de medio minuto a tiempo "real"

1. Visitaba a un colega y veía el logo en el Headstock de sus instrumentos y era completamente diferente a como acostumbra.
2. Mi compañero de tesis se bloqueaba durante la defensa y presentaba como el orto.
3. Me llegaba un sms y no lo podía leer, estaba como en un estado mental que no me permitía concentrarme en ello y todo se distorcionaba, pero alcanzaba a darme cuenta de quien lo había enviado, y eso me parecía aun más extraño
4. No lo recuerdo



sábado, 18 de octubre de 2014

La madriguera

Un día andaba tan pal pico que mi vieja me cachó, o sea, las mamás (o la mayoría) tienen esa capacidad mutante de leer las mentes de los hijos. De partida ya tienen una intuición mayor a la de los hombres y sumado a eso tienen una conexión mística con sus retoños. Esa conexión la tengo con ella y con mi hermana sobre todo. Me metió conversa para sacarme el rollo. La tengo más que cachá y yo ya sabía que preguntas me haría para sacarme información. Yo también tengo una intuición que a veces me asombra, sólo que a veces no la se leer, o me hago el hueón. Yo creo que supo que me pasaba pero se fue por otras ramas y terminamos conversando de mi futuro como ingeniero, conversa que duró como 5 minutos y que coronó con un "¿no quieres crecer?". O sea, obvio y es lógico, pero no quiero "autoasesinarme", si crecer les significa hacer lo que la sociedad dice, entonces no, no quiero hacerlo, pero no es eso, así no funciona la cosa que tengo en mi mente.

Este año hice dos experimentos conmigo mismo, de hecho hice uno durante 2012-2013 cuando tuve el tiempo suficiente para pensar y hacer un montón de cosas para mí y sólo para mí. Este año ambos experimentos arrojaron resultados - cómo decirlo? - alarmantes.
En el primero me dediqué a ejercer mi "profesión" tratando de compatibilizar el tiempo con mi oficio. Resultado: haz una de las dos, no ambas.
El segundo consistió en desarrollar mi oficio durante a lo más 8 horas diarias y ahora último - críticamente - compartiendo tiempo con mi tesis. Resultado: haz una de las dos, no ambas.
El primero lo hice por obligación, por compromiso con el sistema. El segundo por mi, para mi y un poco por el resto.

Todos me dicen "uy si, pero que bacan, puedes hacer las dos cosas", "pero mira, puedes trabajar en construcción y el resto del tiempo trabajar en las guitarras". Ya OK, déjenme hasta ahí no más y váyanse un largo rato a la cresta. Hasta ahora, en estos 4 años o 5 se me ha hecho medianamente fácil porque estaba estudiando, o sea, tenía ventanas, tenía días libres, etc., etc. Pero siempre supe que sería imposible compatibilizar ambas cosas y desarrollarlas plenamente. Con los años he podido controlar el tiempo, mi tiempo, que es fundamental, y vamos, para ese empleo hay que casarse, para ser "exitoso" como dicen hay que acumular experiencia. Yo lo veo así: para hacer lo que a uno realmente le gusta y hacerlo crecer hay que dedicarse, tendremos altos y bajos y de ambos aprenderemos y si quremos quedar contentos al final del día con nosotros mismos hay que hacer las cosas bien. Eso requiere esfuerzo, entrega, compromiso ¿amor? y varias cosas más. Si voy a hacer algo que sea por convicción.

Me conozco lo suficiente. Soy un hueón perseverante, testarudo, mañoso, muy tauro (a pesar de que estoy en la pitilla) y el tiempo me importa una mierda. Si hay que crecer, ya lo hice, hace rato y obvio que me falta también, no se trata de ir cumpliendo años, eso no significa nada, es sólo un consuelo para los ilusos que creen que un año más de vida les dará nuevas oportunidades y riqueza espiritual. PAMPLINAS la vida es hoy y ahora.



Tengo que abandonar la comodidad de la madriguera, esta que no es mía y que adorné con ramas de por ahí, pero no es la mía.


martes, 14 de octubre de 2014

der Komet

¿Recuerdas esos días cuando te la pasabas mirando las estrellas, y podías reconocerlas todas, o al menos gran parte? Añorabas que la noche fuera más larga y mas oscura aún para que tu penetrante ojo percibiera hasta lo más profundo de su alma. No esperabas nada, pero a pesar de eso te maravillabas con los meteoritos que se cruzaban sin avisar e inconscientemente tratabas de abarcar todo el cielo con tu mano por encontrar otro. Adquiriste la capacidad de enfocarte en más de un solo punto de interés y percibir nítidamente gran parte de tu espectro visual. Pudiste ver, en la lejanía del hogar, adornando el cielo con su largo cabello cano y su luz natural, un cometa. Nunca dimensionaste cuan hondo calaría en tus pensamientos ese resplandor que el firmamento cobijaba y opacaba cualquier cuerpo celeste.

Nunca desaparecerás para mi pequeño viajero, que tu trayectoria elíptica te traerá de vuelta siempre.


sábado, 4 de octubre de 2014

domingo, 13 de julio de 2014

Quiero volver a levantarme a las 4 de la mañana tomar mi bici y salir a donde fuera

martes, 8 de julio de 2014

Las mujeres de hoy


No se que ha pasado con la gente en estos años. Más bien: cómo llegamos a esto. Todo es culpa de esos hippies de mierda con su amor libre y exhibicionista. Si mi memoria no me falla, antes de eso las mujeres eran recatadas, no se entrometían en los asuntos que no le corresponden al género femenino. Claro, se les cedieron algunos derechos civiles, pero el hecho que su conducta afecte a la moral colectiva es un descalabro de magnitudes inimaginables para un hombre decente. Hoy en día con esa vestimenta liberal no dejan cabida a la imaginación de hombres que buscan desposar a sus prometidas y porque no a los que sus esposas las labores hogareñas borraron todo atractivo de antaño. Pantalones ceñidos, poleras ajustadas que dejan ver sus ombligos o sus hombros, a veces llego a aprobar tradiciones occidentales como las musulmanas. Veo la culpa tanto en esos diseñadores homosexuales como en esas familias que aprueban que sus hijas se exhiban en las calles, cual pedazo de carne. Nosotros no necesitamos y tampoco debemos tolerar ser espectadores de desnudos en nuestras calles para eso podemos pagar por un tiempo y deleitar nuestros más bajos instintos en privado. No he dejado de maldecir a esta generación durante todo el día. Quizás le pida la cena a mi mujer y salga a liberar estas tensiones y malos pensamientos con mis socios donde las niñas. Ellas nos entienden, al menos es lo que dicen o nos hacen entender. Tal vez deba contratar a una sirvienta más joven.

lunes, 7 de julio de 2014

noche de lecturas


"... era tarde y Matias aún caminaba por la calle, la misma ciudad, el mismo recorrido, los mismos lugares de siempre. Sin percatarse y sin saber tampoco qué hora era, dio a parar a un viejo escaparate, le pareció familiar, bastante familiar. Le tomó un minuto darse cuenta que le pertenecía. A pesar de estar cerrado por orden municipal por el no pago de las contribuciones del propietario, recordó que en su manojo de llaves que cuelgan de un llavero plástico percudido por los años y el roce con el pantalón, ese donde están las llaves de casa, del trabajo y del buzón de correos, también estaba la del estudio, este otro estudio. Sin pensarlo tomó la llave, la insertó en la cerradura y sin darse cuenta ya estaba dentro. No habían cambiado la chapa de acceso. No le asombró en absoluto. Recorrió un poco en la penumbra, ya que no quería levantar sospechas de que alguien había entrado. Pese a que la vecindad siempre hablaba demás y que a Matias no le importaba, trató de ser lo más precavido posible, como siempre, dejando la menor cantidad de evidencias, hasta donde él podía verlas. Disfrutó leyendo a la luz de la Luna creciente unos textos que había escrito en aquel entonces, cuando frecuentaba el estudio, cuando se asombraba por el cantar de los arboles bajo la tibia brisa de verano, cuando no podía pedir más al sentir el gélido soplido que le cortaba la cara en las tardes soleadas de invierno, de ver las calles y sus copas doradas al atardecer en otoño y los pétalos rosa danzando en primavera. Esos fueron algunos recuerdos que rondaron su mente mientras leía.

Curioseando entre repisas y cajones, buscando nada en especial, su atención se posó en un libro pequeño, tan pequeño que una cajetilla de fósforos le vendría bien como cofre. En fin, nada llamativo más que por su tamaño. Estaba a un costado del mesón de recepción, bajo el organizador de carpetas sobre el cual descansaba una gruesa capa de polvo, como lo hacía sobre todo el lugar. Tenía la inscripción de un par de contactos y sus respectivas direcciones. "No quedan muy lejos" pensó Matias que, se daba cuenta que ya no tenía nada más que hacer ahí por el momento. Salió por la puerta de acceso, la misma por la que entró tan cuidadosa e inconscientemente, ahora sin mayor preocupación de que estuviese siendo observado. No se percató que ya era hora en que la gente se dirige a sus trabajos, aunque el sol no salía, la Luna ya se había ocultado hace mucho. Caminó hasta el pasaje de los artistas, a donde casualmente pertenecían dos de las direcciones, ambas librerías. Le pareció extraño que una de ellas no la hubiese notado antes, en sus innumerables paseos. Quizás sus pensamientos estaban distantes de la realidad. Sólo observó desde fuera, algunos adornos de mesas, colgantes y campanillas. La otra dirección a sólo pasos de la anterior no le pareció extraña, de hecho la recordaba. Una puerta mora pastel que estaba directamente al frente del taller donde hacen clases de escritura en pluma, a la diestra de la escalera que ascendía y nunca se atrevió a subir, no fueron pocas las veces que pasó frente a él. Se acercó lo suficiente para darse cuenta que la puerta estaba abierta ¿a esa hora de la madrugada? Tal vez olvidaron cerrar, sin embargo las luces no estaban apagadas. El salón era balnco, cómodo, sin mayores adornos. Bastante sobrio. Una mesa de centro de baja altura rodeada de sillones de exóticas formas y colores uniformes llenaban el lugar. A un costado de la puerta de acceso, una antigua mesa de arrimo de fina caoba contrastaba con el espacio. Descansaba sobre ella un libro. Un libro que a todas luces era una especie de diario personal, sin nombre. Diario porque cada relato llevaba una fecha a la cabeza. Como de costumbre repasó el libro inconscientemente desde el final hasta el comienzo, tal como se leen esas tiras cómicas orientales. Poseía diversos estilos narrativos. No quiso leer en detalle por respeto a quien le perteneciera, en vez de eso se dispuso a pasar página por página, leyendo lineas al azar sólo por curiosidad. Todas las hojas tenían esbozos de algo por ambas caras, ideas, incluso dibujos... salvo una. Una sola hoja en blanco fue lo que llamó la atención de Matias esta vez. Intuyó que aun así contenía un mensaje. Durante un segundo, o menos, pasaron frente a sus ojos incontables maneras de descubrirlo, cada una de ellas con una ejecución tal, que no dañaran el diario en lo más mínimo. Intentó una sola vez. Ahí estaba ante sus ojos. Torpe como él solo, casi dejó caer por un momento el diario por el impacto. Permaneció un momento más, no supo cuanto, inmerso en sus pensamientos, intentando interpretar aquel mensaje. Nunca lo supo pero se sonrojó. Toda esa noche Matias no tuvo conciencia del movimiento de las arenas del tiempo. Cuidadosamente dejó el libro sobre la mesa, en la misma posición que recordaba y silenciosamente cerró la puerta tras de sí. Su paranoia lo obligó a saludar vergonzosamente pero a la vez de forma cortés a la desconocida mujer que en ese preciso minuto pasaba frente a la puerta mora pastel y que subió por la escalera. Con apuro giró a la izquierda, a la derecha, 7 pasos, y nuevamente a la derecha. Ya estaba en la calle. No fue capaz de olvidar el mensaje, aun camino a casa y tampoco después... "



Hola, noch einmal

Tengo los pies helados. Nunca he tenido esa capacidad de poder percibir el frío mediante mis pies, sufrir y buscar calor. Ahora siento algo así, debe ser porque estuve todo el día con esas "pantuflas" de goma que están tan de moda, que me regalaron para navidad y no abrigan nada, que por cierto no usé nunca (hasta ahora). Además llevo horas en posición de loto frente al notebook. La circulación en mis piernas se redujo.

No se porque me acordé de este blog - que tenía botado hace meses- que dejé de usar cuando estaba fuera, no se que fue. No pudo haber sido el haberme quedado sin computador porque eso fue en mayo. La ultima entrada es de enero, esa, la mística, de la que sólo unos pocos conocen la historia real. Debe ser porque está ahí, en la barra de marcadores. Todo lo que uso está ahí, igual que mi escritorio, el físico. Respecto a lo segundo, debe haber sido el invierno, ese que no me motivó a nada, que me obligó a encerrarme en mi madriguera, cómoda y reconfortante hasta la aparición del sol.

Volví. Ya va a ser un año. Podría explayarme quinientas hojas sobre lo que ha pasado. Incluso si considerara ese período en que este blog estuvo en coma hasta agosto del 2013, serían unas 3 veces más. Debí haber seguido escribiendo.

Esta entrada no tiene mucho sentido, o sea, no tiene un sólo punto de interés. Sólo quiero escribir. Esta vez solo escribir. Hace meses que ando medio divergente, cosa que odio y reprocho, porque implica evasión. No me gusta evadir... quizás divergente no es la palabra. Tangente. Eso, tangente, como una historia paralela, como la que contaba el protagonista de El gran pez a su nuera. Inconscientemente (hasta ahora) he tomado esa actitud, siempre que cuento cosas tomo otras historias y sigo engordándolas hasta que de pronto vuelvo a la inicial.

Me han pasado cosas, buenas y malas, de todas he aprendido. Quisiera tener más cosas que hacer, pero estoy cerrando un ciclo. Me dicen que es importante, que todo valdrá la pena. Es mi estudio, en estos precisos momentos estoy esperando la ultima (espero) edición de mi compañero de tesis antes de entregarla a la comisión, previa impresión anillada en triplicado, que debe estar lista antes del viernes. Estamos contra el tiempo. Quisiera tener más cosas que hacer, porque he estado medio monótono. Tesis, banda, amigos y sería. No me he dado tiempo para mí hace meses. El último fue en marzo. Ahora, cuando este ciclo termine, podré pensar con más tranquilidad, a pesar de que estoy amasando el futuro en el corto plazo. Tengo planes a medio armar. Muchos me preguntan si tengo planes después de que termine. ¿en serio se refieren a planes, o quieren decir metas? Cuando me preguntan y les respondo, ponen las mismas caras como cuando me preguntan que cómo estoy. Respondo lo que siento en ese segundo, siempre claro, honesto, no sirvo para mentir. La gente está malacostumbrada a partir con un "estoy bien" y al rato termina por contradecirse. Ese puto afán de dar buenas impresiones siempre me ha empelotado. En parte es como lo plantea una amiga, a la que no le gusta que le hagan esa pregunta, pero ese es otro tema. Otro.

Me preparé un café y un pan. No dejé que el hervidor terminara de trabajar porque no quería el agua caliente, si no tendría que haber esperado a que se enfriara. No está mal para lo dulce que me quedó y lo malo del sabor de esta marca, que por cierto dudo que sea la que pienso, a veces rellenan el frasco con otro café. Alguna vez en el viejo continente tomé un café delicioso, de grano. El solo hecho de endulzarlo lo mataba. Ese era un buen café.

Probablemente siga dándome vueltas por acá. El escribir es un ejercicio que tenía tirado y el proyecto de título me dio esa oportunidad, y de leer también, no como quisiera, ya que no fue divertido, no fue placentero, no lo disfruté. Es distinto al leer escogiendo, al escribir desde dentro, del alma. Esto fue un medio para cumplir un objetivo y queda en eso, aprendí, pero fue un prodcto para un ente indolente.

Releo un poco arriba y noto lineas grises - en su mayoría - que quiero que disminuyan. Disminuirán. Sólo depende de mí. Lo haré.